El acuerdo de la lotería de Villamanín, donde la comisión de fiestas vendió 50 participaciones del gordo más de las que tenía en décimos, va camino de acabar en los juzgados y, según cuatro abogados gallegos consultados, quizás esa sea la mejor opción. De hecho, algunos de ellos alertan de un aspecto del que no se ha hablado demasiado. Si los chavales de la comisión aportan sus premios para repartir entre el resto podría interpretarse como una donación y Hacienda reclamaría su parte. También coinciden en que, con lo que se sabe, no hay estafa y ninguno de ellos recomendaría a un cliente suyo meterse en un pleito para cobrar los 80.000 euros íntegros.
Felipe Mayán, que tiene su despacho en Cee, dice que «a expresión esa de que máis vale un mal acordo que un bo preito nunca tivo tanto sentido como neste caso». El tema penal lo ve «descartado porque non houbo dolo» y «non existe a estafa por imprudencia». Entiende a los premiados, y que «non deberían sufrir esa perda de un 5, 8, 10 %», pero tampoco les recomendaría ir contra unos jóvenes, seguramente insolventes para hacer frente a tales cantidades de dinero.

Rafael Arangüena, del bufete García Agudín y Arangüena, coincide con Mayán en lo fundamental. Ve «un ilícito civil» y un gran problema para los chavales de la comisión porque «responden con todos sus bienes presentes y futuros». Además, recalca que se trata de un asunto de máxima complejidad porque los décimos de lotería son cheques al portador, pero en este caso si hay personas reconocidas como ganadoras no es tan sencillo como que repartan sus premios para que cobren el resto. «Las donaciones a alguien ajeno a la familia son carísimas, más de la mitad del dinero, probablemente», advierte el letrado, que da por hecho que Hacienda reclamará su parte, porque es su obligación.
Esteban Rico Núñez, abogado y socio director de Proa Abogados y Consultores, tampoco aprecia estafa y, en principio, no recomendaría a un cliente suyo denunciar porque «en muchos casos, la judicialización no permite cobrar más, sino que consume tiempo recursos y convivencia». La solución elegida del acuerdo privado la ve factible siempre que sea «voluntaria y transparente», pero le ve dos peligros: que Hacienda lo interprete como una donación y que «no elimina por completo el riesgo de futuras reclamaciones».
Pepe Molina, del bufete Molina de Vigo, que comparte el análisis de sus colegas, propone una solución más imaginativa, que el arreglo propuesto sea interpretado como un «acuerdo transaccional» y no como «una disposición de patrimonio». Los chavales serían «meros gestores» y no estarían renunciando a un premio, «un derecho que, en realidad, nunca llegó a consolidarse».

El precedente asturiano del fiasco de Villamanín con el gordo de la lotería: el condenado pagó menos de 700 euros a cada estafado
El 15 de diciembre de 2012, varios vecinos de Portuarios creyeron durante varias horas que eran mucho más ricos que el día anterior. Habían comprado en el quiosco del barrio participaciones del 69345, número ganador del primer premio de la Lotería Nacional. Muy pronto sus sueños se convirtieron en pesadilla y desilusión
Marcos Gutiérrez
Parafraseando, de aquella manera, a los añorados Bigelf en su tema «Money, It´s pure evil», cuando el vil metal entra en juego uno no sabe «quién es su amigo ni tampoco su enemigo», ya que el dinero «es pura maldad, porque cambia a las personas».
Esto es algo que se ha podido apreciar en Villamanín, el pueblo de León al que el Gordo de la Lotería de Navidad ha quebrado y hecho pasar de la euforia a la ira, enfrentando a vecinos, amigos y familiares, un poco a la manera del Leland Gaunt de La tienda de Stephen King. Se trata de una situación que muchos vecinos de Gijón tienen aún muy fresca en la memoria.
Volviendo a lo más reciente, la comisión de fiestas de la localidad leonesa, integrada por unos diez jóvenes y tres adultos, se reunía a las 18 horas del 26 de diciembre con los portadores de papeletas premiadas con el Gordo, el 79432, para aclarar lo sucedido cuatro días antes. Y lo que sucedió fue que uno de los tacos con las papeletas no se había entregado al lotero de La Pola de Gordón, por lo que se vendieron más de las que se tenían, sin entrar en juego, aparentemente, mala fe. El resultado fue la pérdida de cuatro millones de euros de los 35 que habrían tocado en la localidad.

Pese a que los integrantes de la comisión han entregado su premio personal y el décimo de la organización (unos dos millones) para compensar el error, la grieta que se ha abierto en este pueblo de unos trescientos habitantes parece insalvable. Y no por un dinero robado o escamoteado, sino por uno que antes del 22 de diciembre, a las 10.44 horas, ni siquiera existía.
El precedente asturiano del fiasco de Villamanín
Si bien no tan grave en lo pecuniario como el que se ha producido en Villamanín, en Asturias (concretamente en Gijón) existe un precedente de una situación parecida. Y no hace tanto tiempo. Y es que Portuarios amaneció el sábado 15 de diciembre de 2012 con la esperanza de que algo de suerte cayera sobre este honrado y obrero barrio. Y lo hizo, pero de manera muy sui generis. Y es que a más de un vecino le dio un vuelco el corazón al creerse propietario del 69345, número ganador del primer premio de la Lotería Nacional. Sin embargo, las participaciones que habían adquirido en el quiosco de la zona no estaban sustentadas por décimos reales.
En su momento, en torno a siete vecinos denunciaron al quiosquero en la Comisaría de El Natahoyo por los 30.000 euros por participación que se habían quedado en el limbo. Según sus cálculos, se habían adquirido ocho participaciones (algunas compartidas) a 3,5 euros cada una, por lo que los afectados estimaban la cantidad no percibida en torno a los 240.000 euros.
De la euforia de los «premiados» a las lágrimas del vendedor
Las sospechas de los vecinos comenzaron muy pronto, casi en el momento en el que habituales del quiosco, curiosos y «agraciados» comenzaron a agolparse junto al establecimiento. Y es que buscaban ser partícipes de la felicidad que reinaba en un lugar en el que se acababa de repartir una suma de dinero tan generosa. Sin embargo, pronto se produjo casi una evidente discordancia entre el jolgorio general y el rictus serio del vendedor, al cual muchos vecinos dijeron haber visto marcharse del lugar con lágrimas en los ojos.

Muchos sostenían entonces que era un comportamiento propio de la emoción por haber hecho algo más ricos a varios vecinos o, simplemente, por el desencanto resultante de no haber adquirido para sí mismo una participación del número supuestamente afortunado.
Los siguientes dos días fueron también extraños para los ciudadanos del barrio y, más si cabe, para los que habían resultado —o eso creían— premiados. El quiosco abrió apenas unas horas al día siguiente del sorteo, el domingo, y el lunes se mantuvo cerrado. Tras haber justificado que no se hubieran cobrado los premios por no haber recibido el dinero, ya en la tarde del lunes posterior al sorteo el propietario del establecimiento tuvo que confesar que, por una falta de comunicación con su pareja (no con la intención de estafar), vendió participaciones sin tener los décimos.
Esta persona se ofreció a compensar con 5.000 euros a cada uno de los afectados a cambio de que no denunciasen. Fue la propia Policía la que, una vez personada en la asociación vecinal del barrio, recomendó a los vecinos iniciar acciones legales de manera conjunta.
El número de la discordia, el 69345, fue repartido en la zona oeste de Gijón. La administración número 27, ubicada en la avenida de la Argentina, en La Calzada, repartió a varios clientes décimos del premio y otros se los vendió al quiosquero de El Natahoyo. Los afortunados que adquirieron décimos y no participaciones sí pudieron disfrutar de lo obtenido en el sorteo.
Años después, los tribunales determinaron que el quiosquero, que se enfrentaba a una condena por un delito de estafa agravada, debía pagar 500 euros en concepto de indemnización a cada uno de los siete vecinos afectados por haber quebrado sus sueños, así como 180 euros de multa y devolver el importe de las participaciones. Una cantidad, sin duda, muy lejana de la que hubieran percibido si hubieran ganado realmente el premio.
Publicado en La Voz de Galicia el 30 de diciembre de 2025




