Hace exactamente cuarenta años, el 1 de enero de 1986, España ingresaba como miembro de pleno derecho en la Comunidad Económica Europea; hoy Unión Europea. Ello supuso el regreso de nuestro país al corazón de un continente del que nos fuimos distanciando políticamente desde principios del siglo diecinueve. Aquella fecha marcó el inicio de la mayor y más rápida trasformación en positivo de toda nuestra historia, multiplicando por seis nuestro PIB en el curso de cuarenta años.
Hoy España, cuarta economía europea, tiene un peso importante en la toma de decisiones en el seno del club comunitario; y ello sucede en un momento crucial para el futuro de Europa.
Los actuales adversarios internos y externos del proyecto europeo solo muestran, con sus acometidas, su sincero miedo a que el mismo se consolide en su totalidad. El creciente entorno antiliberal que con rapidez se expande por el mundo debería ser entendido como la mayor invitación a la consolidación, en el corto plazo, de unos Estados Unidos de Europa. Tras la unión monetaria europea, acordada en el tratado de Maastricht, toca ahora la consolidación de una verdadera política de seguridad y defensa única; aquella que solo puede hacerse con unas fuerzas armadas europeas conjuntas destinadas a fortalecer una verdadera política exterior única. Logrados estos objetivos de unión monetaria, militar y de defensa conjunta, la cesión de soberanía en el resto de las áreas clave será mucho más sencilla de implementar.
El estado de bienestar constituye, sin duda, nuestra irrenunciable seña de identidad como europeos. Para ello debemos ser conscientes de que su sostenibilidad financiera dependerá, en buena medida, de las eficiencias presupuestarias que se obtengan de la completa finalización del proyecto europeo. Un ejército europeo común basado en tecnología militar europea propia, además de generar sinergias económicas de notable impacto positivo en el PIB conjunto, permitirá liberar recursos para atender la sostenibilidad económica de un modo de vida al que los ciudadanos europeos no debemos renunciar
Las obsesiones de Trump y de Putin respecto del presunto fracaso del proyecto comunitario son la mejor prueba de nuestro potencial y nos señalan el único camino posible; el único camino que podrá devolver al viejo continente su antiguo papel de potencia mundial de primer orden. Solo transitando ese camino podremos preservar nuestro envidiado modo de vida en los Convulsos tiempos que se avecinan. Por todo ello y con mis mejores deseos: feliz 2026 para Europa.
Rafael Arangüena
Abogado
Publicado en La Voz de Galicia: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2026/01/08/feliz-euroaniversario/0003_202601G8P14992.htm





